lunes, 7 de enero de 2008

Un guisante y una bici

El binomio fantástico es un procedimiento para hacer surgir la chispa creativa. Se unen dos palabras que no tienen aparentemente nada que ver y se cuenta una historia.Aquí os propongo uno, recogiendo la idea de Adrián: escribid una historia muy corta que incluya un guisante y una bici. Os recuerdo la técnica: primero dejad trabajar al enano creador y meted en un cajón al enano corrector. Escribid sin juzgaros, libremente. Después, una vez acabada la minihistoria, sacad al enano corrector del cajón y ponedlo a trabajar.Ánimo

10 comentarios:

Alberto dijo...

Conduciendo mi bicicleta entre el rocío congelado de la noche, me aproximaba sin temor aparente a una pequeña cabaña de madera roída por el paso del tiempo, con el color del azabache. Me pregunté pues si quizás se tratase del hogar de algún erimtaño que, hastiado de la vida en la metrópolis, llena de maquinaria cadente de lógica que solo desempeña su labor; había decidido abandonarla para habitar en aquel lúgubre lugar.
Sin pensarlo dos veces pedaleé para aproximarme al lugar. Una vez estuve lo suficientemente cerca, me bajé del vehículo y abrí la puerta, la visión me aterrorizó: Un guisante en medio de una única estancia sin ningún atisbo de decoración ni mobiliario. Retrocedí lentamente y, sin poder evitarlo, uno de mis pies quedó enredado en la bicicleta, caí al suelo y la oscuridad se ciñió sobre mi envolviendome con su manto de sombra.

Anónimo dijo...

Dios mio alberto, que trabajado.

El dia había sido largo pero por fin podía volver a casa. Monte en mi bicicleta y el hambre me atenazaba. Los carteles de comida se sucedian ante mi: comida para perros (cuando uno tiene hambre todo vale), pizza, hamburguesa,... Creía que iba a explotar de hambre. Pero en casa me esperaría la comida. Cada pedaleo me acercaba un poco más a mi destino. El portal, la escalera, la cerradura. Introduzco la llave y corro a la mesa, por fin el plato está ante mi pero horror, tan solo un guisante hay en él.

Anónimo dijo...

Este es de Oscar:
Ahí estaba, clavando en mí sus penetrantes ojos, de manera inquisitoria.

- ¿Qué estabas haciendo? - Me dijo el guisante.

Me asusté por lo inesperado de la pregunta y lo único que acerté a decir fue un tímido nada, nada… mientras que mi voz ascendió de tono súbitamente en un desafortunado “gallo” que delataba mi inquietud.

- He visto cómo mirabas a esa bicicleta ¿Sabes? - Me espetó con tono enfadado.

En ese momento un escalofrío recorrió mi cuerpo…

- Esto… ¿Qué bicicleta? Te juro que yo no la estaba mirando… - Contesté intentando parecer enfadado - ¿Sabes? Eres un paranoico… Cómo aquella vez en el metro… A decir verdad odio tus celos… ¡Te odio a ti!

Entonces me di cuenta de todo, decidí ser yo mismo por una vez.

Cogí el tenedor y lo aplasté… A decir verdad sentí placer al ver cómo su verde interior pasaba a través de los bordes de la herida y fluía entre las púas del tenedor.

Alberto dijo...

Oscar, eres un asesino...

Raquel dijo...

¡Bravo a los tres! Geniales.

Raquel dijo...

Este es de NORMAN WALSH:

Era una típica tarde de verano en las que, como todo el mundo,suelo salir con mi bicicleta para olvidarme del bochornoso calor estival.A medida que avanzaba en mi ruta por la calle de los maizales me encontré con mi amigo Almazán, El intelectual (no te chines que va con cariño y además rima xD) y le pregunté si tenía la tarde libre, ya que yo, me moría de ganas por hechar una partida de cartas. El me contestó que si, y con una sonrisa me dijo - Mochu a las siete en mi casa y no tardes que sabes que no me gusta perder el tiempo.
Marchaba yo feliz a casa montado en mi bicicleta, tenía una gran tarde por delante, comería, me tumbaría a vaguear un rato y más tarde, saldría de mi casa con mi mejor estrategia para vencer a Adrian en la más esperada batalla de cartas que todo el universo pudiera imaginar.En mi camino de vuelta, un gato negro cruzó delante de mi, ¡por poco lo mato! pensé, pero nada malo había ocurrido. Según los supersticiosos si un gato negro pasa por delante de ti....¡ESTÁS PERDIDO!, yo preferí ignorar esto pero cuando llegué a casa......
Mi esperada comida,la comida que tanto amo, la razón por la que cada mañana mis ojos se abren y dejan entrar la luz con el fin de ver, se veia reducida a nada.Únicamente un mísero y escueto guisante mi madre me había puesto en el plato....¡Qué decepción!

Raquel dijo...

Es curioso cómo se parecen el cuento de Norman y el de Adrián. Al final, la bici se utiliza para llegar al objetivo final (la comida) que se malogra: un solo guisante. El de Óscar, en cambio, tiene tintes surrealistas, pero acerca más los dos elementos del binomio fantástico. El de Alberto, por su parte, produce escalofríos, por el desenlace en suspenso....

Bravo chicos, espero que, al menos, os hayáis divertido.

A todos los demás, ánimo, que no es tan difícil, es sólo dejar volar la imaginación

Anónimo dijo...

TAn solo dar las gracias al bueno de Norman por incluirme en su cuento, todo un honor. Es cierto que hay una similitud patente entre ambos, pero desde mi punto de vista tienen enfoques totalmente distintos

Raquel dijo...

Lo siento, Adrián, pero no veo los enfoques diferentes, quitando el elemento de la superstición y el elemento cotidiano del encuentro contigo

Anónimo dijo...

La verdad es que es posible que tengas razón, ya que lo único que los diferencia es la ambientación del cuento